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domingo, 8 de abril de 2012

Tacuacín sin Cola


- Respetá la cola, vos - ni siquiera había terminado de decirlo y ya tenía el puño del Tacuacín cerquita de la nariz. Que si no es porque desde chiquito aprendí a hacerme los quites con mi papá, me la hubiera hecho mierda. - Tranquilo brother -, le dije yo, para calmarlo, porque vi que traía el chamuco, el mismo diablo, en los ojos. Todos los demás voltearon para ver si había pencazos. Pero no, el Tacuacín se me quedó viendo, primero como ido, y después como que me reconocía y entonces se fue, así como dicen, con el rabo entre las patas. Ya ni comió, ni dijo nada, solo se fue. Tal vez le dio vergüenza que lo viera así. Saber. Yo todavía pensé en irme detrás de él, pero el hambre pudo más y me quedé, es pisado bretiar todo el día en los buses con la tripa vacía. Días después me agarró la tarde en la Sexta, y uno de los chavos con los que dormí en El Portal me contó que había visto al Juto y que le había dicho que se había peleado con el Tacuacín por alguna babosada de esas que se dicen por decir, y que el Juto de lo encabronado que estaba, dejó de pasarle el pegamento que olían juntos, y que por eso el Tacuacín andaba desesperado, echándole riata a todo el que lo mirara feo, y viendo cómo se conseguía a algún bato que le pasara algo, pegamento, cola de zapato, piedra, lo que fuera que le quitara la perseguidora que andaba cargando. Desde ese día me dio por buscarlo. La capital no parece grande pero, újule mano, me costó un huevo dar con él. Anduve preguntándole a todo el mundo, pero nadie sabía nada. Hasta que di con el Juto. Él no lo vio, solo le contaron que lo encontraron tirado... un maje se lo llevó, y le dio algo para que aquél hiciera todo lo que... saber cuántos eran, vos... el cuerpo del Tacuacín ya estaba hecho mierda, y no aguantó esa otra mierda que le dieron... dicen que se parecía a esos tacuacines que venden en el mercado, tieso, enjuto, encuerado, ... dicen que ... perdoná, mano, yo siempre he sido bien jodido para no llorar, ni siquiera con el cincho ni los puños de mi viejo... pero es que aquel, vos, ... once años, mano... mierda vos, es que aquél era mi hermano.



martes, 3 de abril de 2012

La caperuza y El lobo

- Esto no es un cuento de hadas - dijo el Lobo Feroz.
Fui yo quien le puso ese nombre, Lobo Feroz, por esos ojos tan grandes que tiene, de pestañas dobladas, con los que él siempre presumía que me “podía ver mejooor”. Sus homies creen que es un apodo que le viene de las patillas que se deja, parecidas a las de los hombres lobos que salen en las películas. Pero no, eso fue mucho antes de que le saliera la barba, mucho antes de que se metiera a la clica.
– Esto no es un cuento de uno de tus libros, Caperuza, un día de estos los compadres me lo van a pedir, va, y no voy a poder decir que no.
Había todavía algo entre nosotros parecido a la amistad, aunque este Lobo no tuviera nada que ver con el Jairo que fue mi compañero de juegos cuando era niña, o tal vez no era amistad, sino solo un eco de esa fuerte unión que alguna vez sentimos. El nombre Caperuza era también un resabio de esos años. Solo me llamaba así cuando estábamos solos. Si iba con los otros, apenas me miraba.
- Ya arreglé todo con Don Sebas. Te vas mañana mismo pal Norte. No tengás miedo que con él se fueron mis carnalas y las dos llegaron vivitas y coleando. Eso sí, tenés que llevarte pastillas por si a él se le antoja cobrarte un poco más de lo que yo le voy a dar.
Me puse a llorar. No sé por qué, a pesar de todo, pensé que me iba a abrazar para consolarme. No lo hizo. - Va no llorés. Ni que fueras virgen, va -. Intentó tocarme las nalgas, y yo, viéndolo a los ojos con rabia, le aparté la mano.
- Va nel pues. No sólo te estoy haciendo el favor. Mirá que si no fuera porque yo a vos te... - se mordió los labios para no dejar caer ni una gota de sentimiento, sacó un papel del bolsillo de su pantalón y me lo dio – tené, este es el teléfono de la ruca de mi vieja, en Los Ángeles. Yo viví con ella cuando anduve por allá. Decile que sos mi chava y te va a ir suave.
Lo abracé. Sentí que lo volvía a querer de solo pensar que estaba dispuesto a arriesgarse rompiendo las reglas por mí. Me besó, nos besamos y lo hicimos allí, de pie, en la cocina de la casa de su mamá. No con la ternura con lo que lo hacíamos hace dos años, sino con una combinación de angustia y deseo, una necesidad de agarrarnos a algo que nos diera, por un momento, la ilusión de eternidad.

Antes de despedirse, me besó de nuevo, luego me agarró fuerte el mentón y me dijo – Cuidate mucho Caperuza y recordá que, pase lo que pase, seguís siendo mía.
Allí fue donde entendí lo que estaba pasando. El Lobo me mandaba con la abuela para protegerme de él mismo, pero al mismo tiempo para seguirme controlando. Ni loca. Para eso no me voy con Don Sebas. No solo lo jodido del viaje, sino que después voy a andar vigilada por sus homies de allá. No. Ya me decidí. Hoy en la noche me escapo, le dejo una nota a mi mamá diciéndole que me fui para Los Estados, y me voy al refugio donde estuvo mi mejor amiga. Ella también tuvo que escapar. No sé dónde está ahora, porque la mandaron al interior, pero me llamó un día para decirme que estaba bien. Y me dio la dirección del refugio, por si un día lo necesitaba. Llegó ese día, empaco y me voy.

Y todos, lobos y coyotes, que se vayan mucho a la mierda.

martes, 29 de noviembre de 2011

Capulina y el Circo


Tenía el porte, la ropa y el gorrito de Capulina. Intenté ignorarlo cuando entró al metro, pero caminó con tanta decisión hacia el lugar donde yo estaba, que me puse muy nerviosa. Nunca sé muy bien cómo actuar ante la gente loca. Se sentó frente a mí. - El mundo es un circo, muchacha – me dijo en tono serio. -  Ya nos gobernaron los enanos, los payasos y los trapecistas. ¿A usted le gusta el circo? - Masomenos - le respondí sin mirarlo. Saqué un libro de mi bolsa; un gesto muy usual en estos lugares para hacer entender que uno no tiene el menor interés de intercambiar ideas o miradas con el resto de los pasajeros. Pero él continuó como si nada – Al pueblo le gusta el circo. Es así. Ahora están todos pidiendo que saquen a los leones. Pero lo que no se dan cuenta es que todos están amaestrados. Hasta las bestias". Me quedé pensando que lo que decía tenía sentido. Pensé en Europa y en Guatemala y en el mundo entero. Había una metáfora clara, un análisis político en todo eso. De repente estalló en una gran carcajada, me señaló ostentosamente y dijo en voz alta - Miren a esta niña, se cree todo lo que le dicen JAJAJAJA - luego, moviendo la cabeza de forma infantil, agregó - Los payasos no existen, nooooo, son de plástico y los manejan desde arriba con hilos invisibles.- Dicho esto se levantó y salió del metro, carcajéandose. Sentí que mis mejillas hervían. Hice un recorrido visual por el metro, pero ya nadie me miraba. Todos habían sacado un libro de sus bolsos y fingían estar muy concentrados en sus lecturas.  El tipo raro desapareció por una escalera eléctrica. Las puertas del metro se cerraron, y me quedé pensando en lo mucho que me gustaba Capulina cuando era niña y que ya hace muchos años que dejé de entender por qué. 







martes, 8 de noviembre de 2011

La Reunión

- A mí me enterraron ayer - dijo uno. El salón los había visto llegar en solitario y los había reunido en su centro casi sin querer. Habían salido del mismo país para llegar a la misma ciudad. Y lo pasado, claro, también los unía el pasado. Sin embago, en la calle, es decir, en la vida que en ese momento pasaba viéndolos desde afuera, apenas si se habrían saludado. Sufrían de una especie de embriaguez por el ambiente, la exposición, las fotos, y los recuerdos que se amontonaban para salir en medio de la tristeza y la nostalgia. Se conocían desde hace tiempo, de lejos, de entonces, pero era la primera vez que le dejaban espacio a las preguntas, por lo menos a aquéllas que sí tenían respuesta: cuál centro de detención, cuánto  tiempo había pasado, cada uno, en uno de esos espacios sin espacio en los que el tiempo se estira en la soledad y el dolor,  cómo habían logrado salir de un país que parecía no tener salida: a mí me pidieron desde acá / a mí me llevaron directo a la embajada / a mi me sacó un militar que le picó la consciencia. Habían llegado en fechas distintas, tenían historias distintas que nos se contaban, pero que, intuían desde sus propias historias. Todos conocían muy bien la muralla de pudor que marcaba la frontera de lo inpronunciable. La mayoría habían venido solos. Los demás se quedaron, ché, se quedó mi hermano/mi amigo/mi padre/ nunca supimos  Las fotos retrataban memorias de ausencias, y en las memorias las ausencias se llenaban de recuerdos. - A mí me enterraron ayer, hermano - volvió a decir el uno - venía en la prensa, estaba mi nombre completito. Encontraron una fosa y alguien me identificó, no sé quién y no se cómo. Me declararon muerto. No reclamé. No me importa. Los que quiero, saben que estoy vivo. Siempre lo supieron. -  A los recuerdos que llegaron de último, las lágrimas contenidas les quitaron la voz.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

El día en que los muertos votaron

Empadronaron a los muertos y los muertos votaron. Se les veía venir despacio. Salían de los sementerios, oficiales y clandestinos. Se iban recreando de pedazos de historia. Los mercaderes de la patria temblaban. Estos no tenían miedo. No tenían nada qué perder. Y lo más terrible era que, si bien su carne estaba muerta, la memoria la traían viva.

(Foto de Andrea Carrillo Samayoa / Tomado de La Cuerda Edición 147)

lunes, 11 de julio de 2011

Nos platican sus fantasmas

Aún están los que se fueron,
nos platican sus fantasmas,
su ser y estar
se expanden
en imágenes y sonido
que viajan del pretérito
a un futuro incierto
e imperfecto.

Sentimos las palabras
desde la memoria
que dibuja
círculos concéntricos
con las letras de su nombre
dejándonos imaginar
que los vamos alejando, así,
de la infinita muerte
que nace del olvido.


Los nombramos,
les hablamos,
les consultamos.

No es que estemos locos,
no hablamos con los muertos,
hablamos con la vida que quedó
suspendida en el aire;
la vida - eso que está
y que aún conservamos
en este refugio extraño
que llamamos recuerdo.




viernes, 24 de junio de 2011

Como oír llover

El cielo de la noche anunciaba tormenta. Primero la lluviecita de los pasos de mi mamá yendo a la cocina, como gotitas de agua que van pidiéndole permiso al suelo, para que no se enoje, para que no invoque el chaparrón que todo lo inunda, que todo lo disuelve. La vista nublada por los sollozos casi inaudibles de un miedo conocido. De pronto, la luz de la sala se enciende, la puerta se cierra en un trueno. El rayo, el trueno: es mi padre, es el viento, es el huracán que entra. La voz de papá cayendo en aguacero que aplasta sin piedad la tranquilidad de la casa.
Meto la cabeza bajo la chamarra, pero no puedo dormir. Tengo miedo de que al despertar encuentre la casa inundada y a mi mamá ahogada en un torrente de gritos, de insultos y de maltratos. Tengo miedo que, entre sueños, la humedad de mi propio llanto no me deje respirar.
Escuchar a mi padre llegar de malas era como oír llover. Por eso, aunque ahora estés aquí a mi lado, y tomes mi mano, y me digas que que todo está bien, no me sirve, amor, no puedo evitarlo. Las noches de lluvia, para mí, seguirán llegando húmedas e insomnes.

miércoles, 1 de junio de 2011

Sin-Fonía de Ciudad

Sucede a eso de las seis, esa hora en la que todos los trabajadores intentan ingresar a como de lugar al metro que llega, aunque uno igual llegue cinco minutos más tarde, pero esos cinco minutos son demasiada espera cuando te has tenido que tragar todas las quejas del jefe, y todas las malas caras de los clientes, o las mentadas de madre de los compañeros que andan viendo en qué te equivocaste, porque esta vida no es más que una competencia, en el que el más fuerte gana, o el más cabrón, depende, eso te lo dicen en la escuela, y en la tele y en todos lados donde te venden los cursos de cómo ser mejor que el vecino, de cómo ser más bonito, más efectivo, más... hijoeputa, para llegar a donde deberías llegar, para no ser un “looser”, como dicen los jóvenes, esos jóvenes que compiten por el mejor celular, pero que ya no tienen nada que esperar del éxito, porque fueron desahuciados como seres pensantes y tendrán que conformarse con servir a los elegidos, y así perpetuar esta maldita sociedad de clases, donde están trazadas, con marcador indeleble, las distancias entre los niños bien, los menos bien y los que tendrán siempre que tomar el metro a las seis, después de levantarse a las cinco, y que tratan de entrar a como de lugar a esta acumulación de almas tristes, que solo quieren llegar a casa para prender la tele y tomar la droga diaria del “reality show” que les da la ilusión de ser protagonistas en un país “desarrollado” para el cual son solo y nada más que estadísticas.


viernes, 27 de mayo de 2011

El dios del hígado

A Joxean no le gustaba el hígado. Es más, lo odiaba. Su madre, obviando sus gestos de desprecio, lo obligaba a comérselo todo. Joxean intentaba digerir viendo el hígado enfrente y sintiendo otro por explotarle de rabia en su interior, y escuchando a su madre incitándolo a: que pensara en los niños de Àfrica que no tienen qué comer, y que diera gracias a dios que él si tenía suficiente. A Joxean no le molestaba pensar en Àfrica. Ni en sus niños. Era un continente lejano, y por lo tanto interesante. Alguna vez iría, y jugaría con ellos. Le ilusionaba pensar que esos niños, en los que tenía que pensar, le contarían de otros dioses, dioses de la caza o dioses de la selva o del desierto o de los ríos. Dioses a los que no les gustara el hambre. Uno cualquiera por el que cambiar ese dios del hígado, el de los privilegios racistas, el de la culpa y del castigo. Ese dios que alardeando injusticia había hecho que Joxean odiara tanto el hígado.

sábado, 21 de mayo de 2011

Shadenfrinia

Centur V sale todas las noches de su morada a observar los astros. Es la única distracción que tiene en su vida monótona y vacía, de la cual está sumamente orgulloso. Saca de su bolsillo una especie de prismáticos que, aunque pequeños, poseen la potencia de los mejores telescopios terráqueos. Las noches en el planeta de Centur V no son tan largas como para poder observar detenidamente todas las galaxias cercanas, por lo que solo le da tiempo para buscar supernovas o agujeros negros recientes. Sin embargo, también suele detenerse un tiempo cosiderable en el Planeta Azul, su favorito, porque al verlo se siente embargado por la shadenfrinia, una mezcla de morbo y lástima, que le provoca un agradable cosquilleo que se le va distribuyendo, poco a poco, a cada rincón de su anguloso cuerpo. Desde que descubrió ese punto del infinito, ha seguido con interés todos los episodios de la historia terrestre, los cuales, un día no tan lejano - eso teme Centur V - terminarán en la destrucción de cualquier resto de vida que quede sobre ese planeta. Lo que Centur V no imagina es que su mirada, privada por completo de compasión y compromiso, alimenta, cada vez con más intensidad, el motor de la catástrofe.

viernes, 6 de mayo de 2011

Mayo de 1984

A Dina Mayarí de Lión

De nada sirvió la sonrisa que su hija le dio y que llevaba siempre en su billetera como amuleto. De nada sirvieron los ruegos, las promesas que ella le hizo a todos los santos, las vírgenes y demás dioses y diosas de cielo y tierra para que le guardaran. El país estaba cubierto, aislado, por una nube de odio. Eran días grises, eran años grises. Vukub-Cakix había recuperado el señorío del cielo.

Contra toda ley divina, gente maligna le dio fin a su permanencia sobre la tierra. La tierra tembló cuando la nada tragaba al poeta, en el preciso momento en que intentaban desaparecer su nombre, haciendo desaparecer su cuerpo. Vukub-Camé y Hun-Camé se vanagloriaban. El tiempo había principiado en Xibalbá. Guatemala era el inframundo.

martes, 5 de abril de 2011

Linchamiento

Tal vez un altar hubiera dado sentido a todo esto. Un altar para el dios de la esperanza, el dios de la justicia. Tal vez así, este "sacrificio tuyo y nuestro", nos hubiera traído la salvación. Pero no hubo altar. Solo una plaza en la que, a través de la aniquilación de tu cuerpo y de tu sangre, nos condenamos colectivamente, en una fiesta orgiástica de violencia, a la perdición de nuestra humanidad.

La plaza está ahora vacía. Tu cuerpo está ahora vacío. Tu nombre y tu familia ya no te nombran.

¿Y nosotros? Los primeros días anduvimos por la calle buscando la absolución en la mirada cómplice del vecino, la garantía de moral intacta que da la colectividad. Después volvimos a nuestra cotidianidad, a nuestras miserias, a esta vida nuestra que es tan parecida, tan a la imagen y semejanza de la que te quitamos.

martes, 29 de marzo de 2011

ex culpa

El corto pero ajetreado viaje sabatino, de la capital hasta Chuarrancho, era para Jorge siempre un peregrinaje lleno de ansias y tristes certidumbres. – No me ponga a rezar el rosario, Padre - le decía cada semana a su confesor – que ya es suficiente penitencia tomar fuerzas para venir hasta aquí y verlo –. Llegaba puntual para mostrarle su desgracia. Para que supiera que no había resignación. Juan tendría una voluntad de hierro, pensaba. Pero él no, él era débil. Él no podía olvidar.
El Padre Juan, como se había acostumbrado a llamarlo, no le decía nada. Las palabras se aferraban a las paredes de su garganta y se negaban a salir. Y, de todas maneras, ¿qué le iban a decir? ¿Que él también lo extrañaba? ¿Que después de meses de abstinencia autodecretada, aún lo deseaba con un fuego tan intenso que lo inducía a pecar de pensamiento, obra y omisión? ¿Que, contrario a sus obligaciones, cada sábado, después de la confesión, se iba al baño a masturbarse, con el rostro empapado de nostalgia, y una rabia salvaje en la mano y en la mente, que hacía aún más dolorosa su ausencia? ¿Que hubiera querido implorarle a él que no volviera más, que lo dejara en paz... pero que mejor no, que no se fuera, que volviera, siempre, siempre?
¿Qué sabía Jorge de penitencia, de pecado, de culpa? Lo único que podía hacer, sin que se le quebrara la voz, era repetir las fórmulas que había memorizado al principio del seminario, cuando aún no dudaba que este fuera su camino y su vocación, cuando aún no había conocido el amor envuelto en una deliciosa piel con nombre de santo.
– Dos aves marías y tres padres nuestros, hijo, y que Dios te acompañe – le volvió a decir este sábado. Pero esta vez no pudo más, hizo una pausa, respiró profundo y agregó - te quiero, esperame al medio día frente a la sacristía, me voy con vos.

viernes, 4 de marzo de 2011

De Héroes y Villanos

Como siempre está tan ocupado jugado fútbol, en las reuniones con los amigos o leyendo filosofía, a Lalo casi nunca le da tiempo de estudiar para los exámenes. Pero es tan inteligente, que los pasa todos, aunque sea raspados. Y más si es un examen oral, como el de hoy. La maestra nos dejó de tarea que preparáramos algo sobre nuestros héroes. Ahorita está hablando Mari, luego le toca a Daniela y después a él. Tecún Umán, Bart Simpson, Harry Potter , algo se le ocurriría. A Lalo siempre se le ocurre algo. Es bueno para improvisar. A lo mejor hasta habla de Messi. Es su jugador favorito. Para el mundial pagó no sé cuanto dinero por una sola estampita de Messi. Después anduvo un montón de tiempo deprimido porque todos decían que el tal Messi había jugado mal.

¿Ven?, ya decía yo que la cursi de Mari iba a hablar de una de las de La Academia. Está loca. Tiene todos los cuadernos forrados con fotos de esos aburridos. Ahora le toca a Daniela .... no, ¡no puede ser!, Daniela preparó un discurso completo sobre Messi, con fechas, goles y todo. Quien se la mira a la Daniela, siempre vestida de rosita, con colitas, aretitos y todo, y resulta que le gusta el fútbol. ¿Y ahora Lalo? ¿Qué dirá? Ya se puso nervioso. Le tiembla una pierna. Siempre que se pone nervioso le tiembla una pierna.

- ¿Y tú Lalo? – pregunta la maestra.

- Mi mamá.... – muy bien Lalo, a las maestras les encanta que admiremos a nuestras madres.

- Antes que yo naciera ... – Lalo sigue pensando qué va a decir, de repente, como que ya sabe qué va a contar y continúa – mi mamá era maestra en un colegio de Cobán. Iba y venía todos los días por el mismo camino. Una vez, un finquero la atacó, la metió al carro y de allí salí yo. Dice que por eso yo tengo los ojos azules y ella tristes. Eso dice. Mi abuelito fue a reclamarle al señor ese, se fue hasta la casona de la finca a preguntar por él y no solo no le pudo hablar sino que hasta lo sacaron a golpes. “Nunca se me va a olvidar cómo llegó mi papá todo sangrado a la casa”, dice siempre mi mamá. Nos tuvimos que venir todos a la capital, porque nos amenazaron y, pues, desde entonces, mi mamá nos ha sostenido trabajando muy duro, y cada vez que le pregunto por qué ella nunca reclamó nada, se le vuelven a poner los ojos tristes y me dice muy calladito: “hay que saber perdonar, m’ijo, hay que saber perdonar” –. Lalo hace una pausa como para aguantar las lágrimas.

- Ah, qué bien Lalo, tu madre es una persona admirable – la maestra no cabe de la emoción por lo que contó Lalo – entiendo que ella sea tu héroe.

- No maestra – la interrumpe Lalo – mi héroe no es mi mamá, sino mi tío Juan, el narco, que, en cuanto tuvo suficiente dinero, mandó a matar al hijoeputa del finquero ese.

La maestra se queda muda. Unos compañeros se carcajean, otros se enojan y empiezan a gritar que cómo es capaz de pensar así. Menos mal que en ese momento suena el timbre porque no hay quién pare el relajo que se armó. Voy a buscar a Lalo para salir al recreo. Le digo al oído que me encanta cómo se inventa todas esas historias subversivas, alborotadoras de maestras. Él se ríe y me da un beso en la mejilla. A pesar de la prohibición de los noviazgos en el colegio, salimos tomados de la mano. Quiero que todos se den cuenta de quién es mi héroe.

martes, 1 de febrero de 2011

Doña Luisa y sus dioptrías

“no es, precisamente, que seamos un país ignorante;
es que somos un país de indiferentes. "
Renato Buezo

Doña Luisa se quedó miope el trece de mayo de 1982, el día en que secuestraron a Julián López y Laura Jiménez de López, de 65 y 68 años, respectivamente, en su casa de habitación en la zona 7 de la Ciudad de Guatemala. El shock que causó semejante limitación visual no estuvo de ninguna forma relacionado con algún tipo de cariño que la señora sintiera por la pareja posteriormente desaparecida. Ni siquiera se trataba de vecinos cercanos. Residían a dos cuadras, lejos de su casa, y lo poco que sabía de ellos provenía, únicamente, de los chismes y rumores que recolectaba su empleada doméstica en su diario recorrido para comprar el pan, la carne y las verduras. De esa fuente sabía, por ejemplo, que desde hacía unos meses, los señores López habitaban en soledad su morada de un solo nivel, debido a que su única hija, Marta López, había salido en un viaje imprevisto con destino a alguna ciudad de Costa Rica. Seguramente un embarazo no deseado, pensó Doña Luisa al enterarse y no le dio más vueltas al asunto.

El súbito padecimiento visual tampoco se dio a raíz de una revelación extraordinaria de la excesiva violencia en la que estaba sumido el país en ese entonces. Doña Luisa sabía de la guerra, de la quema de la embajada, de las masacres de campesinos y de todo eso que sucedía al otro lado de la pantalla de televisión y que atribuía a un justo castigo divino para bárbaros inconformes, quienes, por suerte, nada tenían que ver con ella. Las cosas eran así, allá, donde la gente no es gente, y los gatos son todos feos y pardos, pensaba.

Según nos ha sido informado, lo más probable sea que ese trastorno óptico se haya debido a la activación oportuna de un mecanismo en legítima defensa. Ya que, de no haber limitado su campo visual en el preciso momento en que pasaba en carro frente a la casa de la familia López, hubiera sido difícil mantener su universo cercano intacto, como lo había logrado hasta ese entonces. Las imágenes de extrema violencia con que dos personas mayores eran llevadas, frente a sus narices, contra su voluntad y sin delito visible alguno, hubieran desatado en ella, con toda seguridad, una ola de pesadillas innombrables en los días subsiguientes. O tal vez le hubieran acarreado interminables horas de insomnio, tratando de hallar una explicación banal para tal acto de injusticia. Pero todo esa molestia no fue necesaria. Su cuerpo eligió reaccionar de una forma por de más cómoda, disminuyendo significativamente su mundo visual, permitiéndole, de esta forma, seguir su vida de una manera plácida y tranquila.

Al ser entrevistada Daniela López, sobrina de Laura y Julián López, y testigo de oídas de los acontecimientos aquí descritos, nos refirió que, a la fecha, Doña Luisa sigue viviendo en la residencia que habitó en la década de los ochentas. Nos contó además que, después de una mejoría temporal que inició curiosamente el 29 de diciembre de 1996, su vista volvió a desmejorar en los años subsiguientes, hasta el punto de perder casi completamente la capacidad de observar su mundo exterior y que, a pesar de ello, sigue negándose rotundamente a usar lentes o hacerse cualquier tipo de examen de la vista. Hasta se rumora, nos dijo nuestra interlocutora, que a partir de la ola de extorsiones que sufrió la colonia donde vive, también se ha quedado un poco sorda. Al preguntarle a la entrevistada sobre la relación que sostiene con la señora en cuestión, la Sra López nos respondió: “¿Mi relación con ella? Pues la que requiere la educación: solamente de hola y adiós y ya está. Una que otra vez, cuando vamos mi prima Marta y yo en el carro, y la vemos salir de su casa, y se le mira tan, pero tan feliz, nos da una envidia que en seguida nos invaden unas ganas terribles de atropellarla. Pero eso, solo muy de vez en cuando”.




** Nota de la autora: todos los nombres y algunas fechas son inventados. El país y su violencia no.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Chica SuperReligiosa

Mi dios es un pendiente muy lindo, un arete de colores que va con el estáil que llevo los domingos. Está super de moda, por eso lo saco, me lo llevo colgando al cuello y se lo enseño a todos. Sobre todo a mi vecina, esa creída que presume de tener un dios extranjero. ¡Já! Pero mi papá ya me dijo que ése solo puede ser un dios chafa, porque el nuestro es el único verdadero, o sea de marca pues.

Lo que más me llega de mi dios, es que que me cabe en todos lados, en la música que pongo a todo volumen, en el separador que uso para los libros del colegio; hasta me conseguí ropa interior con frases religiosas y todo ;) Y la gran ventaja, por supuesto, de que lo pueda comprar en mi centro comercial preferido, con globitos, peluches y tarjetitas. Ayer hasta tuve la super suerte de encontrar un pin blanco y rosa de “Dios me ama” que le va muy bien al bolso que llevo al gym. Eso no puede ser más que una señal divina, ¿no creen?

Y es que que es super nais eso de poder ser siempre cool, estar always in. Me lo enseñaron en la iglesia. Es super fácil, solo dices “yo creo” y ya, ¡shvuptivup!, eres parte del club. Que es super importante, porque para mi dios solo los del club se van a salvar, todos los demás, los herejes, o los del diablo que les dicen, todos esos se van al infierno jeje. O sea que yo no, yo fussshhhhh, directito al cielo.

Lo que si no me llega mucho del cielo es eso de tener que morirme primero, pero solo de pensar, así como me dijeron, que ese cielo pueda ser como Las Vegas, pero más bonito, eso sí que me emociona :)Todo el día de shopin con mis bi-ef-efs *suspiro*. Que no por nada son mis “best frends forever”, que quiere decir foreveranever, o sea allá también pues.

Los de la iglesia dicen que creer es lo más importante, pero que tampoco hay que descuidar los detalles, así que nos dijeron a mis amigas y mí, que para estar de veras shur, debíamos cambiar todos nuestros accesorios viejos, nuestros CDs y los DVDs, por artículos que solo tengan que ver con mi dios. Así en el juicio final no nos pueden reclamar nada de que tengamos “otros dioses” y esas cosas, y la gloria la tendremos más que segura.

Las cosas viejas, sí ok, esas ya las tiré, pero lo que acabo de comprar en los estados, eso digo yo que por unos meses más que los use, no creo que mi dios se vaya a enojar. ¿Y si después se lo ragalo a los niños pobres? Aparte que para eso de la gloria todavía queda mucho y, si a última hora, a mis amigas o a mí nos hace falta algo, pues lo compramos y ya. Porque para entonces ya todas tendremos nuestra propia visa gold. O hasta platin. Digo yo. Porque yo, en esas cosas, sí que tengo fe, y con fe, dicen, todo es posible.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Patria es una esquina del corazón

A Dina Mayarí de Lión

Mayo de 1984

De nada sirvió la sonrisa que su hija le dio y que llevaba siempre en su billetera como amuleto. De nada sirvieron los ruegos, las promesas que ella le hizo a todos los santos, las vírgenes y demás dioses y diosas de cielo y tierra para que le guardaran. El país estaba cubierto, aislado, por una nube de odio. Eran días grises, eran años grises. Vukub-Cakix había recuperado el señorío del cielo.

Contra toda ley divina, gente maligna le dio fin a su permanencia sobre la tierra. La tierra tembló cuando la nada tragaba al poeta, en el preciso momento en que intentaban desaparecer su nombre, haciendo desaparecer su cuerpo. Vukub-Camé y Hun-Camé se vanagloriaban. El tiempo había principiado en Xibalbá. Guatemala era el inframundo



Jeremías 17, 7-8

Mirá vos, me contaron que andás fregado de dinero. ¿Por qué no te venís conmigo a la iglesia el domingo? N’ombre, no me mirés así. Perate que te cuente como está la cosa. ¿Te acordás que hace unos meses andaba yo igual de jodido que vos? Estaba tan mal que lo único que me quedaba era encomendarme a la divina providencia. Y fue cabal lo que hice. Un día me fui a la iglesia, esa que anuncian en los canales religiosos, y cuando acabó el servicio, tomé fuerzas, me subí al púlpito y le hablé al pastor rapidito, porque se tenía que ir a bendecir no sé que nueva finca. Pero buena onda, fijate, porque me escuchó y, me dijo, hermanito, no se preocupe, recuerde lo que dice Jeremías, “bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza”, y señalando hacia arriba me aconsejó, encomiéndese a él y verá cómo él lo prospera . Sin mucha esperanza me quedé viendo un rato al cielo, o mejor dicho al techo de la iglesia, y desde ese momento empecé reza que reza, ora que ora, y nada que ver vos, no se veía venir la bendita prosperidad por ningún lado. Y yo pensando, será que hice algo malo, será que no estoy orando con fe; y le decía a mis patojos, ayúdenme a orar muchá, que así de a montón tal vez el Señor nos oye. Pero nada.

Quesi un día que fui otra vez al servicio, el pastor volvió a decir la misma frase, esa de poner la confianza en el Señor y que vuelve a parar el dedito para señalar hacia arriba. Pero esa vez sí me abusé y me fijé bien a dónde es que estaba apuntando la manita y quesi resulta que no era al cielo, vos, sino a un señorón que estaba sentado en uno de los asientos hasta arriba. ¡Fijate! ¡Y yo de pendejo rogándole al Señor equivocado! Ese mismito día, le fui a hablar al don. Don Jeremías, le dije, me manda el pastor, que dice que ponga en usted mi confianza. Y parece que esa era la clave, vos, porque allí merito me ofreció el trabajo de guardaespaldas, que es lo que estoy haciendo ahorita. Y vieras qué prosperidad. Si hasta con carro nuevo ando ya.

Por eso te digo,venite un día a la iglesia. Mirá que con los conectes que tiene el pastor, pura gente del Alto Poder, deplano que a vos también te puede conseguir un buen chance.



Caridad

- Mi reinita linda, mi uananolny. Si usted sabe que por mí yo me la matrimoniaba ya ya, pero está la familia de mi mujer, que es la que paga la candidatura para reelegirme y, si no hay money no hay curul, y no la puedo venir a visitar hasta aquí a los estaits y ...

- Sí papi, todo lo que usted quiera, pero acuérdese que son fifty bucks la hora, y ya solo nos quedan five minutes

- No se preocupe mi Caridad chula, mi latin-american preciosa, que a los de la comisión de desarrollo nos dieron un dinero extra para invertirlo en alimentación, y yo a usted últimamente la estoy viendo muy delgadita. ¿Seguimos?


El Único Inocente

Benito estaba tomando tranquilo su almuerzo en un puesto de comida del mercado cuando sintió que le tocaban el hombro. Se levantó del susto y se volteó a ver al dueño de la mano.

- ¿Inocente? - le preguntó el tipo, levantando el mentón para enfatizar el sentido interrogativo del cuestionamiento, así como la dirección en que se encontraba el destinatario de la pregunta. Benito hizo una lista rápida de las razones por las que alguien podía considerarlo culpable. Pero ante la certeza de encontrarse frente a un sicario, pensó que solo había una respuesta posible: - sssí - la voz le temblaba.

Sonaron tres disparos. Benito caía ante la mirada de susto las otras personas que estaban alrededor. Cada una de ellas buscaba un motivo que justificara, de alguna forma, aquél acto salvaje que no le era del todo desconocido; alguna razón que, bajo su punto de vista, le pareciera plausible.

- Un asunto de cuernos - pensó uno.
- No habrá pagado una extorsión - pensó el otro.

- Inocente Ramos, los locatarios de este mercado lo declaran culpable de extorsión con agravantes, por lo que de esta forma se hace efectiva su sentencia - dijo el sicario en voz alta, dirigiéndose al ahora occiso, y haciendo alarde de los conocimientos de derecho penal que había adquirido en las lecturas de las sentencias que lo habían llevado varias veces a la cárcel.

El del revólver salió de un mercado en absoluto silencio. Todos, menos él, sabían que ése, que yacía con un tiro en la frente, y dos en el pecho, que en vida fuera Benito Sánchez, no era el verdadero Inocente, por cuya muerte habían pagado, o, mejor dicho, era, entre todos los presentes, el único inocente.


Independencia


- En lugar de enojarte decime, ¿qué otra cosa podía haberle dicho a los cuates de La Gaceta?.
- Por ejemplo que yo también arriesgué la vida desvelándome con ustedes en las reuniones conspirativas.
- Mooomento, que aquí no hubo conspiración.
- Vaya pues, en las “juntas secretas”, como le dicen ustedes.
- Ajá, ¿y si luego viene el Chepe Porras y empieza a jactarse de las borracheras que se ponía después de cada junta? Tu imagen de madre y esposa ejemplar se va al carajo.
- Pues mirá, si me dan a escoger, prefiero ser héroe nacional, como vos.
- Olvidate, Dolores, lo menos que te dirán será héroe. ¿Ya ves?, fue por eso que mejor les dije que vos estabas encargada de la marimba y los cuetes, para que no se dañara tu imagen.
- Ah, sí, y además vas a querer que te lo agradezca. Vos con la gloria y yo con la marimba.
- Con la marimba de hijos, jajaja.

Doña Dolores Bedoya miró furiosa a su marido, pero no siguió la discusión. Para qué. Al día
siguiente iría ella misma a hablar con los periodistas para aclararlo todo.