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domingo, 4 de junio de 2017

Cuestión de ternura

(a propósito de las Jornadas a la Memoria de Luis de Lión)

La hecatombe significó
el final de los tiempos.
La mía, por supuesto.
Ustedes me sobrevivieron.
Debían trascender la oscuridad
para buscar la esperanza.

Ellos, los del rostro oculto,
quisieron quemar la palabra
eliminado el poema
y triturando los sueños.

Dejé escondida mi ternura
en las manos de la madre
del padre que llora
de las compañeras de las jóvenes
que jugaron a esconderse
de la maldad de los hombres.

La misma guadaña que segó mis utopías
insiste en cegar las visiones
y acallar las voces
de los que me sobrevivieron.

La hoguera no era para las niñas,
ni para los libros,
ni para los sueños.

El fuego debía surgir del corazón del hombre
de la tierra fértil
del color rojo de las flores y su olor a rocío;
de la pasión del Volcán de Fuego
y de la opulencia del Volcán de Agua.


El fuego debía ser calor humano
antorcha
guía
calor de hogar.
Y no combustión de sueños
y deseos de libertad.

¿Qué harán ahora ustedes
los que me sobreviven?
¿A dónde irán con mi memoria?

Sé que acontece la ternura
cuando dos o más recuerdan mi nombre
y descubren el rostro que nombran mis palabras.
Ese es mi legado.

El olvido es la peor de las injusticias.
Hay que encontrar el camino de retorno
a la esperanza
y que nadie más
ni el pájaro más frágil
deba morir al querer volar.

viernes, 6 de mayo de 2011

Mayo de 1984

A Dina Mayarí de Lión

De nada sirvió la sonrisa que su hija le dio y que llevaba siempre en su billetera como amuleto. De nada sirvieron los ruegos, las promesas que ella le hizo a todos los santos, las vírgenes y demás dioses y diosas de cielo y tierra para que le guardaran. El país estaba cubierto, aislado, por una nube de odio. Eran días grises, eran años grises. Vukub-Cakix había recuperado el señorío del cielo.

Contra toda ley divina, gente maligna le dio fin a su permanencia sobre la tierra. La tierra tembló cuando la nada tragaba al poeta, en el preciso momento en que intentaban desaparecer su nombre, haciendo desaparecer su cuerpo. Vukub-Camé y Hun-Camé se vanagloriaban. El tiempo había principiado en Xibalbá. Guatemala era el inframundo.