jueves, 28 de junio de 2012

FILGUA 2012 / FILCEN


Ya se acerca FILGUA y, aunque no voy a estar por allá, les dejo esta información interesante.

Tomado de http://www.filgua.com/

El Comité Filgua ha definido celebrarnos como guatemalteco/as y ciudadano/as de Centroamérica y el mundo, realizando la XVI Feria Internacional del Libro en Centroamérica-FILCEN-, en el marco de la FILGUA, dedicándolas al Oxlajuj B’aqtun, un escenario cosmogónico, que es la llegada de un nuevo período del abuelo sol que nuestros antepasados entendieron que se repite cada cinco mil doscientos años, en el cual la vida se transforma.

EL CAMBIO DEL TIEMPO

Nuestras y nuestros ancestros dejaron escrito en códices y estelas el inicio de la Nueva Era: un nuevo amanecer. Una nueva oportunidad para reivindicarnos e iniciar procesos de recuperación de la consciencia natural y valores ancestrales; nuestros abuelos y abuelas nos recuerdan que ahora tenemos una oportunidad de empezar de nuevo y nos invitan a universalizar la práctica de la cosmovisión maya.

¿QUÉ ES EL OXLAJUJ B’AQTUN?

El calendario de la cuenta larga u oxlajuj b’aqtun consta de cinco medidas de tiempo: q’ij (día), winaq (período de veinte días; persona –veinte dedos en el cuerpo), tun (año de 360, más el mes wayeb’ de cinco días), k’atun (20 años) y b’aqtun (400 años) los cuales se van combinando con los días y numerales del calendario sagrado o Cholq’ij. Si se le antepone al b’aqtun (unidad de medida del tiempo más larga) el número sagrado 13 (Oxlajuj), da como resultado la duración de una Era Maya, es decir Oxlajuj B’aqtun: es equivalente a 13 períodos de 400 años, es decir, 5200 años de 360 días.

Pero este momento no es sólo una causalidad astrológica o numérica, nuestros abuelos y abuelas nos transmiten la esperanza de que cada Era trae nuevas cosas; las energías del cosmos comenzarán a trabajar de diferente manera, cambiando las relaciones energéticas entre sus elementos: las estrellas y los planetas, los valles y los cerros, las plantas y los animales, la humanidad y el universo. Energía que también está en nuestro Ser, dándonos la oportunidad de acercarnos, si nos preparamos a la plenitud.

Ver Programa aquí:

http://www.filgua.com/filgua-filcen/programa


jueves, 21 de junio de 2012

viernes, 15 de junio de 2012

Atrapa Sueños

La casa tiene una red
en la cual recoge los sueños
Sobre el techo sus gotas
han esculpido planetas y universos.

Esta pared calla
oculta
las huellas sonoras
que dejan las hadas
en la atmósfera mítica
del jardín

-largo escenario de las hojas danzantes
el viento que las eleva
es brusco y tierno
como
el primer amante-

Esa
es la pared
más ancha :
allí
la realidad no traspasa

sobre su hormigón
las viejas
y minúsculas erosiones del tiempo
otorgarán asilo seguro
al secreto de la noche y a su morada.


(otro ejercicio esta vez en base al poema La Casa de Carlos Battilana, de su libro El fin del verano.

Ando en un curso de poesía del siglo XXI, por eso tanto ejercicio ;) )





lunes, 11 de junio de 2012

Paranoia

A veces pienso que lo digo tiene sentido y alguien escucha.
A veces pienso que el que escucha escribe en un cuaderno
y que ese cuaderno contiene una lista.
y que en esa lista estoy yo.

domingo, 3 de junio de 2012

Instrucciones para dormir tranquilo

Imagine que es usted
un chofer de metro
mira en el espejo
un pasajero que viene corriendo
lo tiene en la mira
calcula 5...4...3...2...1...
el pasajero llega / usted cierre la puerta
el pasajero maldice / usted arranca
ja ja ja
Repita tres veces antes de acostarse.
Bueno, eso es todo.




(Ejercicio sobre un poema de Fabián Casas.)



jueves, 31 de mayo de 2012

Doña Luz

A veces hay que dejar que la lluvia cubra la isla, que la inunde. Con esa frase me explicó  Doña Luz los ojos rojos e hinchandos que tenía ese día. Había llorado mucho y apenas escampaba cuando me abrío la puerta. Me invitó a pasar a la sala, para que pudiera esperar a Eliseo. Siempre llegaba tarde de los entrenos, y más en épocas de campeonato. Yo me senté en el sofá, ella trajo té para las dos y me empezó a platicar. Se había pasado toda la noche anterior leyendo las cartas que tenía en su caja de recuerdos. Había tenido varios amantes. No me contó cuantos, pero sí que los tenía ordenados en paquetitos, cada uno conteniendo, aparte de las cartas, fotos, dibujos en servilletas, tarjetas de cumpleaños y tickets de entrada al cine, al teatro y a conciertos. Lo único que no guardaba eran invitaciones a las bodas. Sí, me dijo rabiando, hay algunos que se atrevieron a invitarme a sus bodas. Yo también me casé, siguió contándome, pero una sola vez. Después de tener a la mamá de Eliseo me di cuenta que no estaba hecha para estar en familia. Aguanté dos años y luego me fui. Mi hija todavía no me lo perdona. Regresé cuando ella tenía trece y su papá había muerto. Nunca nos llevamos demasiado bien. A los dieciocho ella se fue a vivir con el papá de Eliseo, y yo volví a ser libre. No se crea, no han sido tantos, me dijo como disculpándose. A mí me gustan las historias largas, prosiguió, siempre y cuando no tengan pretensión de eternidad. Tal vez la miré con ojos preocupados, porque me dijo, no se preocupe, me parece que Eliseo no heredó mi soltura. Él salió a la madre. Tanto se parecen que se pelearon y por eso él se vino a vivir conmigo. Yo acepté porque me cae muy bien el muchacho. Es muy dulce, como usted ya sabe. Pero ya me empieza a ahogar. No puedo salir con libertad, porque siento que tengo que darle el ejemplo. Tal vez quiero intentar ser con él la madre que no fui para mi hija, pero me temo que no se va a poder. Ya hasta siento que la piel se me agrieta porque me estoy quedando seca de historias. Hace rato que nadie me toca. Por eso me puse a leer las cartas ayer, a ver las fotos. A tristear por lo que fue y por lo que no fue. No quiero olvidarme de que este cuerpo sirvió para algo más que para los achaques y las medicinas. Tenía que llorar para humedecerme por dentro. Quiero inundarme de nostalgia para recordar que vivo. Se levantó para traer la caja que guardaba bajo llave en su closet. Agradecí que entonces llegara Eliseo y la conversación acabara. No quería darle rostros ni letras a las historias de Doña Luz. Ellos no me interesaban. Me interesaba ella. Al mes de esa conversación corté con Eliseo. Él quería una relación para siempre y a mí me gusta ser libre. Poco después Eliseo volvió a vivir en casa de su madre. A veces Doña Luz y yo nos tomamo un té en la terraza de su casa, nos contamos nuestras historias y nos reímos cuando algún día, por casualidad, coincidimos en la lluvia y los ojos rojos. Ya me compré mi propia caja de recuerdos. Yo también soy una isla.